vendredi 8 août 2008

La paz es algo que me cuesta trabajo agarrar bien, el no hacer nada (y es bien sabido que yo soy contemplativo) pero mientras uno está en la playa, mazunte para ser especifico, el tiempo se para, uno mira correr las horas tras las olas, junto con los niños, pasan y pasan y a veces son las mismas y solo transcurrieron treinta minutos y no tres horas, en momentos de sstré será la primera imagen que tenga en la mente,
Pero nada es eterno, y nos fuimos a Chiapas, y miramos una realidad a parte, nunca vi tantos militares en mi vida, tantos niños pidiendo dinero ni tanta belleza olvidada.
Mientras uno camina por las calles ve tantos cafetines de extranjeros que se pierde el encanto de la ciudad al instante, y los niños venden pulseras verdaderamente bonitas, pero entra el conflicto, si las compro seguirán vendiendo y no harán mas, si no las compro no se que les pase, opto por la segunda, y sigo mirando el entorno, huimos de todo y nos fuimos a palenque, donde reinaban los mosquitos que hicieron de mi cuerpo un mar de piquetes.
Entre la selva, se encuentra pirámides y recuerdos mayas, el primer lugar que vi en todo el viaje donde eramos mas mexicanos que extranjeros, Martín, un alemán que nos alcanzó disfrutaba de las pirámides tanto como yo, y mirando como niños chiquitos todo nuestro entorno para poder guardar fotos no de papel Kodak, mas bien en la memoria.

3 commentaires:

Mar a dit…

Esas fotos que no son de papel, son las más especiales de todas.

Qué chido viaje, mi estimado.

Jorge Urbano Malásquez a dit…

Interesante tu relato.
Espero pasar pronto por aqui.
Saludos

Juan a dit…

Me gusta leerte amigo Cástor.